Cuando el Odio se Esparce en Silencio
Muchos dicen que no hay fuerza más poderosa que el odio, talvez sea cierto, visto desde la perspectiva terrenal pero las escrituras le acredita al AMOR la fuente de salvación de multitudes y actor protagonico con la capacidad de vencer aquello que consume a su rival al igual que a su portador.
¿Como contribuir a una sociedad que no toma tiempo para escuchar, leer, orar? ¿Como reavivar la esperanza y el amor al prójimo cuando lo material se esparce con fuerza? ¿Y es que acaso dejamos soterrado el verdadero galardón por la transitoriedad que ofrece quien mueve los hilos en la actualidad?
La empatía cuando se deja de alimentar, se pierde. Cuando el silencio del justo se generaliza, la maldad se impone. Cuando los pueblos callan, la complicidad avanza.
El odio que comenzó en el corazon de una sola persona, por la más minima razón o la más grave de las injusticias, se fue "colando" entre grietas, en silencio. Pasó de susurro a grito, para luego convertirse en discurso, acompañado por fuego, destrucción y muerte. Su origen, una pequeña comunidad de Afrodescendientes; sus víctimas, una pacífica familia indigena cuyo "pecado" había sido creer que todos los seres humanos nacemos y vivimos en igualdad de derechos, y que ante nuestro creador el segundo mandamiento resume la ley por completo.
Hoy, la maldad con su decena de adeptos, se mofa de la razón, reta a la verdad, pisotea la paz, se disfraza de justicia y justifica sus actos aduciendo previa agresión, desamor y frustración.
El odio hace oido sordo al llamado de perdón, reconciliación y conversión. El rechazo al arrepentimiento de sus actos destructivos no le engrandece, más le aleja de la gracia divina y de los buenos hombres. La verdadera "revolución" no nace del fuego sino del sacrificio, de la voluntad de perdonar al agresor inicial porque escrito está... "cada uno será juzgado de acuerdo a sus actos".
A quienes sufren los embates de los enemigos del Altísimo, espero que mis palabras les infunda fortaleza, pues no se encuentran solos; talvez, nuestras voces, por estar dispersas, sean tenues; talvez se requiere de algo o alguien quien nos articule y logre transformar las lagrimas de las familias atropelladas, en ríos de justicia y redención. Por mi parte, he aquí mi aporte, mi voz, mis acciones, mi fuerza y amor por los justos.
Allan Bernardez
Julio 03-2026


